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viernes, 1 de julio de 2016

Psicología Social V (El Efecto Espectador)

El efecto del espectador, también denominado difusión de la responsabilidad, es un fenómeno estudiado por la psicología social. El ejemplo más claro de este efecto es lo que sucede cuando ocurre un accidente o un crimen y hay varias personas alrededor. Los has adivinado, cuantas más personas haya menos probabilidad hay de que ofrezcan su ayuda. Ese es el efecto espectador.

En un experimento se demostró este efecto de la siguiente manera. Se coloco a un sujeto frente a una victima (contratada previamente) a la cual le comenzarían a dar convulsiones. En el caso en el que solo hubiera un sujeto, el 85% de éstos ofreció su ayuda. Tratándose de dos sujetos, solo el 62% de éstos respondió lo suficientemente rápido como para ofrecer su ayuda. Como consecuencia, con seis participantes solo el 31% de éstos ofreció ayuda de una manera adecuada para salvar a la víctima.


Resultado de imagen de el efecto espectador

Si nos centramos solo en ver que son personas que pueden ayudar pero que no lo hacen nos estamos pasando de largo miles de factores que influyen en el proceso. Influyen tanto las variables personales como las leyes, la cultura y el entorno. De hecho, Stanley Milgram, del cual ya hemos hablado en este blog, definía el efecto espectador como una paralización del individuo causada por una sobrecarga de información.

Hoy en día sabemos que se trata de una difusión de la responsabilidad causada por el pensamiento de que al haber muchas personas no tienes porque intervenir tu, podrían intervenir los demás (el problema es que a todos nos pasa esto y al final no actuamos o lo hacemos tarde).

Sin embargo, los grados de intervención dependen de la percepción que tengamos de la victima (me refiero a que aunque haya mil personas alrededor si esa persona que tiene el accidente es alguien a quien tienes en alta estima sueles reaccionar tú antes que el resto).

El homus económicus también influye en nuestra participación ante estas situaciones. Este fenómeno es el que hace que evaluemos el eje coste-beneficio antes de implicarnos en una situación de riesgo. A parte de esto también podría estar influyendo la conformidad social (aquellos que nos hace hacer lo que hace el resto de personas).

Este último fenómeno no debe menospreciarse debido a que influye en nosotros día si y día también. Si usted piensa que no es cierto le reto a confirmar que nadie, nadie en toda su vida, haya hecho o haría lo siguiente: entramos en un supermercado, cogemos lo que queremos comprar y cuando nos disponemos a pagarlo vemos un cajero con 20 personas en la cola y otro al lado con 0 personas sin hacer nada. Así que, ni cortos ni perezosos y en contra de toda lógica, nos colocamos detrás de esas 20 personas a esperar en la cola larga aun teniendo a un cajero libre al lado. Eso señoras y señores se llama conformidad social.