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lunes, 19 de septiembre de 2016

El Estado De Fuga

En este caso podríamos clasificar dos tipos de "fugas". En primer lugar, tenemos la fuga en la cual el paciente se escapa de sí mismo desprendiéndose de su identidad. Por otro lado, tenemos la fuga en la cual el paciente huye de su rutina, las presiones de su vida cotidiana y normalmente de su domicilio (huye, se entiende, de manera física).

Durante algún tiempo el sujeto puede experimentar un estado anormal de conciencia aunque la conducta que manifieste pueda pasar por normal ante un observador casual. Muy a menudo estas personas pueden vagabundear por las calles hasta que se desploman o son recogidos por las autoridades, pueden viajar hasta quedarse sin dinero, mal vivir bajo un puente o recorrer siempre la misma carretera.

Muchos pacientes, tras el periodo de fuga, pueden sufrir una fuerte amnesia retrógrada (perdiendo información de antes de la fuga) al salir del trance, aunque normalmente suelen recobrar su identidad. Pueden volver a casa y seguir comportándose como siempre aunque, en el fondo, son conscientes de que existe un vacío en su vida. Algunos pueden sufrir otros tipos de amnesia asegurando no saber quienes son ni cómo han llegado hasta donde se les encontró, además de no acorarse de su familia, amigos, domicilio...etc.

Esto, normalmente, viene provocado por una amnesia histérica. Dicha amnesia puede estar provocada por factores invasivos (cirugías, accidentes, tratamientos...) o bien de manera deliberada por nuestro cerebro como mecanismo de defensa ante acontecimientos potencialmente traumáticos. Sin embargo, aquí siempre hay algún tipo de discusión entre los profesionales que piensan que olvidamos los acontecimientos traumáticos precisamente por su carácter nocivo (amnesia histérica) y los profesionales que afirman que el trauma cumple una función esencial para nosotros (saber que es nocivo y actuar con mecanismos de defensa cuando vuelva a ocurrir) y por lo tanto olvidarlo no puede ser un mecanismo de defensa.

En cualquier caso, sea provocado de manera ajena a nosotros (por cirugías, golpes, tratamientos invasivos...) o deliberadamente por nuestro cerebro (mecanismo de defensa), el estado de fuga se produce por una limpieza absoluta (a diferencia del olvido diferencial) donde no solo olvidamos todo del mundo externo, si no también a nosotros mismos. 

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